¿Alguna vez has tenido esa sensación de comer una hamburguesa de un euro (1,45€ actualmente)? Satisface el hambre en el momento, tiene un sabor diseñado para gustar a todo el mundo, pero a los diez minutos te sientes vacío y apenas recuerdas a qué sabía. Eso es Marvel.
La receta del éxito (y del aburrimiento)
Marvel no hace cine, hace productos de ingeniería. Han perfeccionado una fórmula química que se repite en cada entrega:
- Un chiste cada 5 minutos para aliviar la tensión.
- Un villano olvidable que es una versión oscura del héroe.
- Un clímax final lleno de luces CGI donde no entiendes quién pega a quién.
¿Por qué son el McDonald’s del cine?
Al igual que la comida rápida, las películas de superhéroes son predecibles. Vas al cine sabiendo exactamente qué vas a obtener. No hay riesgo, no hay visión de autor y, sobre todo, no hay espacio para la sorpresa. Han convertido el séptimo arte en una línea de montaje donde el director es un empleado más que solo debe asegurarse de que el producto se parezca al anterior para no asustar al consumidor.
«El cine es revelación, estética y emoción. Marvel es, en el mejor de los casos, un parque de atracciones muy caro.»
El problema del «Menú Gigante»
Lo peor no es la película en sí, sino la obligación de consumirlo todo. Si no has visto la serie X en Disney+, la película Y no tiene sentido. Han convertido el ocio en una tarea pendiente. Ya no vamos al cine por el placer de una historia autoconclusiva, sino para «mantenernos al día» con el hilo de Twitter.
Si queremos que el cine sobreviva como arte y no solo como balance de resultados financieros, tenemos que empezar a exigir algo más que juguetes digitales peleándose en una pantalla verde.


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