El aguacate no sabe a nada

La gran estafa verde: El aguacate no sabe a nada

Es verde, es caro, queda genial en las fotos de desayuno y todo el mundo finge que es un manjar. Pero seamos sinceros de una vez por todas: el aguacate es la fruta más insípida y sobrevalorada de la historia. Sin sal, limón o media despensa encima, comer aguacate es lo más parecido a masticar plastilina húmeda con textura de mantequilla vegetal.

Un problema de textura, no de sabor

El éxito del aguacate no reside en su sabor (porque no tiene), sino en su grasa. Nos han vendido una fruta que es básicamente un vehículo para otros sabores. Si tienes que bañarlo en aceite de oliva, cubrirlo de semillas de sésamo y ponerle un huevo poché encima para que sepa a algo, el mérito no es del aguacate, es de todo lo demás.

La dictadura de la estética «Aesthetic»

¿Por qué pagamos 4 euros por una tostada con aguacate? Por Instagram. El aguacate es el rey del marketing visual. Su color verde vibrante hace que cualquier plato parezca saludable y moderno, pero si fuera de color gris, nadie se acercaría a él a menos de un kilómetro. Hemos sustituido el placer del paladar por el placer del «like».

«El aguacate es el ‘mimo’ de las frutas: está ahí, gesticula mucho, ocupa espacio, pero nunca dice absolutamente nada.»

El coste real de la nada

Además de no saber a nada, es un desastre ecológico por la cantidad de agua que necesita para crecer. Estamos secando cuencas hidrográficas enteras para cultivar una fruta cuya mayor aportación culinaria es «untar bien». Es hora de bajar al aguacate del pedestal y admitir que un buen chorro de aceite de oliva sobre el pan hace el mismo trabajo, sabe mejor y no cuesta un ojo de la cara.

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